Di Stefano Bianchi (AIDA – Club dei 27)

Reconociendo la predisposición que el pequeño Peppino tenía por la música, aún esperando que un día pudiese sustituir el anciano organista de la Iglesia del pueblo, el padre Carlo le regaló, con sacrificio, una vieja spinetta (pequeño instrumento con teclado), al cual el pequeño Peppino, que entonces tenía ocho años, se dedicó con alma y cuerpo.

Y aporreó tanto que terminó por hacer que todas las notas que salían fueran desentonadas.

El padre debió buscar un afinador de instrumentos musicales, preocupado por el dinero que habría debido gastar por su trabajo.

Pero el artesano, después de haber hecho su trabajo, no pretendió ninguna remuneración, y su motivo lo dejó escrito en un papelito que escondió en la spinetta, que dice:

“Yo, Stefano Cavaletti, declaro que reparé y recubrí de cuero los martillos, también arreglé la pedalera y lo hice de forma gratuita, así como mi trabajo sobre los martillos, en razón de las buenas condiciones manifestadas por el joven Giuseppe Verdi para aprender a tocar este instrumento, lo que me basta para que me considere completamente retribuido. En el año del Señor de 1821.”.

La spinetta y el papelito se conservan y se pueden ver, reservando, en la Casa de reposo para músicos “Giuseppe Verdi”, en Piazzale Buonarroti en Milán.

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