De Andrea Alfieri:

El progreso de la ciencia médica y el interés de nobles y reinantes del siglo XIX había facilitado el desarrollo de locales termales, la construcción de hoteles lujosos, la extensión y la ampliación de establecimientos rodeados de espléndidos parques y jardines.

En aquellos tiempos los establecimientos termales además de ser ideales para la cura y el reposo, eran lugares de salud “a la moda” para encuentros sociales, políticos y culturales. Eran lugar de acogida de la elite económica, política y cultural del tempo, que no faltaban a “pasar las aguas” y reposarse, a menudo para alejarse de las ciudades.

La primera vez que Giuseppe Verdi estuvo allí resulta ser en 1846, cuando fue a Recoaro Terme, pequeña localidad termal en el vicentino. Se lo había prescrito un ilustre médico veneciano, Giacinto Namias que en la revisación médica, le diagnosticó “fiebre gástrica”.

Verdi había llegado a Venecia algunos meses atrás para completar y organizar Attila, que debutó en la Fenice el 16 marzo de 1846. Los ritmos intensos de trabajo unidos a frecuentes crisis gástricas y fiebres reumáticas, lo habían debilitado y era exhausto, al punto que le prescribieron 6 meses de reposo absoluto. Justamente tratando de resolver estos problemas es que conoció y apreció los establecimientos termales.

En Tabiano Bagni, en el municipio de Salsomaggiore, a pocos kilómetros de Fidenza, es en Villa Verdi (ex Albergo Grande y ex residencia privada de Maria Luigia) donde el Maestro transcurre muchos veranos desde 1858 a 1892.

La prefería a Salsomaggiore porque era más tranquila y alejada; Tabiano fue por siete veranos más que una simple meta vacacional. Las propiedades curativas de las aguas minerales, ricas de ácido sulfídrico fueron definidas por Giuseppe Verdi como “milagrosas” en una carta de 1885.

Después de algunos años de ausencia los cónyuges Verdi vuelven a “pasar las aguas” esta vez en Montecatini. Ya casi con setenta años, con el consejo de su amigo genovés De Amicis se dejó convencer de probar las aguas “milagrosas” de la localidad toscana. Fue tal la mejoría que sintió que siguió visitando Montecatini por 19 años, hasta el 1900.

CATEGORIA
Historias
INDIRIZZO