Di Stefano Bianchi (AIDA – Club dei 27)

Pero no todos estaban de acuerdo sobre la calidad de las obras de Verdi.

Una vez un joven estudiante de Reggio Emilia quedó tan desilusionado de Aida, a la cual había asistido dos veces en Parma, que se tomó la molestia de escribir a Verdi la siguiente carta:

“Señor Maestro Verdi, he ido a Parma para escuchar vuestra ópera Aida. No me ha gustado. Volviendo esa misma noche, en tren, oí que muchos viajeros hablaban entusiasmados, y me vino la idea de que tal vez me estaba equivocando. Per ello después de algunas noches volví. Tuve la misma sensación. Ninguna parte que suscitase entusiasmo, que electrizase, y si no fuera por ese gran aparato escénico no habría llegado al final. Esta ópera, después de dos o tres teatros terminará en archivos polvorosos. Es así que, querido Maestro, para ir a escuchar vuestra ópera yo he gastado dos veces L. 15,90 ; es decir:

  • Viaje de ida L. 2,60
  • Viaje de vuelta L. 3,30
  • Teatro L. 8,-
  • Cena espantosa en la estación L. 2,-

Total L. 15,90 Multiplicado por dos L. 31,80

Yo soy un pobre hijo de familia y esas 31,80 liras representan para mi una pérdida irreparable, que perturba mi sueño como un fantasma. Le ruego tenga a bien reembolsármelas.

El buen Verdi encargó con una carta a su editor de reembolsar al espectador descontento, pero con una suma de 27,80 liras, dado que había quitado las dos cenas (“podía cenar en su casa sin problemas!!!”), con la siguiente condición: “emitirá un recibo por la cifra y también una pequeña obligación, con la cual él se compromete a no ir más a escuchar mis nuevas óperas, para evitar a él otros fantasmas, y a mi el daño de pagarle otras facturas”.

La cifra se pagó, el recibo y la promesa se mantuvieron por parte del espectador desilusionado.

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Historias
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