Di Stefano Bianchi (AIDA – Club dei 27)

Los padres de Verdi, en el mismo edificio donde él había nacido y donde vivían, en Roncole, manejaban una hostería, que, por su cercanía a la calle principal que conducía a Busseto, era un lugar ideal para el reposo de pasajeros, carreteros y comerciantes, además que para los habitantes de la pequeña localidad.

El pequeño Giuseppe, llamado por todos Peppino, ayudaba a menudo a sus padres a servir a los clientes en las mesas, y cada tanto se quedaba a mirar a quien jugaba a las cartas, pero sin participar.

Cuando le llegaba a sus orejas la música de un órgano o de otro instrumento de un músico vagabundo, abandonaba todo y se asomaba a la puerta de casa para disfrutar de esas dulces notas.

Fue así que un buen día, un viejo tocador de violín, de sobrenombre “Bagarett”, impresionado por el interés que el pequeño hijo del patrón de la hostería dedicaba a la melodía que salía de su instrumento, sugirió al padre de hacerle estudiar música, debemos reconocer que tenía razón…..

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