Di Stefano Bianchi (AIDA – Club dei 27)

Llegó un día en el que, mientras el joven Verdi era monaguillo durante la Misa, quedó tan encantado por la música del órgano, que se olvidó de dar las ampollas de agua y vino: cuando el párroco le dio una patada para hacerlo reaccionar, Peppino cayó rodando por los escalones sobre los cuales estaba arrodillado, y dijo al sacerdote una imprecación que más o menos decía “Cha t’ salta ‘na saièta” (que te parta un rayo).

La cuestión parecía terminar allí, pero, después de algunos años, un Verdi ya muchacho estaba yendo a tocar el órgano durante una misa que se desarrollaba en la iglesia del pueblo cercano de Madonna dei Prati, pero durante el trayecto una violenta lluvia lo obligó a refugiarse en una casa que encontró en el camino. Durante esta tormenta, un rayo cayó en la iglesia, matando algunas personas que estaban allí reunidas, entre las cuales el mismo párroco al cual algunos años antes el pequeño Peppino envió aquel augurio (obviamente sin creer realmente a lo que decía).

En cambio, fue gracias al retardo con el cual llegó al lugar que el joven Verdi se salvó la vida.

Una lápida en el exterior de la iglesia recuerda aún aquel terrible hecho, sucedido el 14 de septiembre 1828.

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