Di Stefano Bianchi (AIDA – Club dei 27)

Estamos seguros de que vosotros no creeréis en lo que estamos por contaros, por otra parte también a nosotros nos costó creerlo, pero a veces la vida nos reserva extrañas sorpresas, que en cambio tienen el valor para estimularnos a un mayor empeño y una mayor confianza e la realización de las cosas en que creemos.

También para Giuseppe Verdi fue así; pero vamos a los hechos.

Consideradas sus notables dotes musicales su maestro de música Ferdinando Provesi y su gran benefactor, y futuro suegro, Antonio Barezzi, convencieron al papá de Verdi a inscribirlo al Conservatorio de Música de Milán, obteniendo incluso una subvención de la Duquesa Maria Luigia.

Pero para asistir al Conservatorio es necesario afrontar un exámen de admisión, que el joven Giuseppe, increíble pero real, no logró pasar.

En realidad, la Comisión del examen reconoció en el un cierto talento para la composición musical, pero la decisión fue negativa por los siguientes motivos: ya había superado la edad a la cual normalmente se entra en el Conservatorio; era un extranjero (entonces Italia no estaba todavía unida, sino dividida en varios Estados y Ducados); la posición de sus manos en el teclado del piano no era correcta (la posición era la que había aprendido del organista de su pueblo, no de un maestro), y además los lugares disponibles para los alumnos ya se habían agotado.

Cuando se le propuso a Verdi, con más de ochenta años, poner su nombre al Conservatorio de Milán, él respondió así: “no me quisieron de joven, no me tendrán de viejo”.

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